¿Es el mindfulness una práctica de bienestar?

Hace tiempo que quiero escribir sobre lo delicado que es considerar el mindfulness como una práctica de bienestar o “wellness”, porque pienso que la línea entre la realidad y la fantasía puede ser muy delgada.

Efectivamente el poder habitar nuestra experiencia presente con plena consciencia reduce el estrés que le añadimos a los momentos de dificultad, así como nos permite disfrutar aquellos que traen alegría, pero cuando pensamos en mindfulness como una herramienta de bienestar que nos procurará una vida libre del dolor generado por los problemas, nos estamos contando un cuento que lo único que lleva consigo es sufrimiento y frustración por creer que estamos haciendo algo mal.

Entonces podríamos preguntarnos, si la incomodidad permanece cuando practicamos la presencia, ¿qué ofrece la atención plena para nuestro bienestar? Y para responder a esta pregunta, partamos por indagar un poco cómo funciona nuestra mente bajo estrés.

En momentos de estrés se activa el sistema de amenaza a la cabeza del piloto automático, que es necesario para responder de forma rápida ante la posibilidad de estar en peligro vital, aunque no lo pensemos así conscientemente. En esta condición no somos capaces de dimensionar claramente lo que ocurre y haremos todo lo posible para “salir vivos de la situación”.

Sin embargo, coincidimos en que no todas las experiencias difíciles son escenarios de vida o muerte, saber distinguirlas es fundamental para detener o reducir la activación que se genera en nuestro cuerpo, y esta capacidad es una de las cosas que aprendemos con la práctica, donde dirigimos la atención de forma deliberada a nuestro sentir, desactivando el sistema automático y recobrando el comando de nuestro propio bienestar.

Veamos otra característica de la mente bajo estrés. Suele generar una cantidad importante de pensamientos recurrentes, seguramente te has pillado imaginando cientos de escenarios catastróficos cuando estás sobre activado, y es que la mente no quiere que dejes de pensar en el problema, porque cree que si lo haces “tu vida corre riesgo”, pero en este estado de divagación mental en lugar de dar soluciones al malestar, lo agrandamos.

Si lo pensamos mejor, la rumiación es una respuesta amorosa de nuestro sistema con la intención de procurarnos bienestar, no obstante, la ausencia de presencia y el exceso de ruido mental hace que reaccionemos sin rumbo claro. Es como un tiro de escopeta, muchas balas lanzadas al mismo tiempo a ver cuál da en el blanco, quedándonos pronto cortos de municiones, con heridos en el camino y muy extenuados.

Aunque la mente nos motiva a resolver problemas, cuando estamos estresados solemos hacerlo a ciegas mientras construimos realidades que no existen, Mark Twain decía: “He tenido miles de problemas en mi vida. La mayoría de ellos nunca sucedieron en realidad”.

Nuevamente entra en juego la práctica de mindfulness, nos enseña un camino para habitar una mente inquieta desde la amabilidad y la presencia, nos ayuda dejar de impulsar el curso de los pensamientos y cultivar la paciencia para que se apacigüen por sí mismos. Activamos recursos conscientes que responden de manera más efectiva a una situación compleja, de forma que el desgaste producido sea el justo necesario.

Al practicar la atención plena aprendemos a parar, a hacer pausas en lugar de reaccionar, a estar en el no saber qué hacer aunque sea incómodo, porque reconocemos que de otra manera empeoraremos el curso de las cosas.

Cambiamos la escopeta por una flecha que apunta al centro del objetivo y sabe esperar su momento para ser lanzada. Todo esto no implica la ausencia de tensión o incomodidad, o incluso la posibilidad de equivocarnos, sino que podemos encontrar un lugar de calma en medio de ello, empezar nuevamente, aprender de nosotros mismos y reducir el malestar innecesario.

Desde una perspectiva muy personal, he aprendido que el bienestar que nos procura el mindfulness es la libertad de sentir (dolor o placer) y serenarnos en ello.

­Te invito a reflexionar sobre lo siguiente:

  • ¿Eres consciente de cómo reaccionas ante los problemas?
  • ¿Qué piensas sobre la frase de Mark Twain: “He tenido miles de problemas en mi vida. La mayoría de ellos nunca sucedieron en realidad”?
  • ¿Alguna vez pudiste no reaccionar ante un impulso durante una emoción difícil, como la rabia por ejemplo?, ¿qué sucedió a continuación?
  • ¿Te gustaría reducir la reactividad ante los desafíos que se presentan en el día a día?